lunes, 29 de abril de 2013

Caracas a Lápiz #97: Abramos los ojos a la realidad




Pasada la primera etapa de la vorágine electoral, las votaciones, el país despierta a dos realidades. Por un lado, la de un Poder Electoral que se pone de espaldas a la tranquilidad social y de frente al deseo de quienes dicen controlar el gobierno al negar una verificación exhaustiva de los comicios que muestren un resultado electoral más allá de toda duda. Por otro lado, la constante precariedad de los sectores populares de Caracas.

Esta semana estuvimos almorzando y conversando con los vecinos del barrio El Cují, en el kilómetro 3 de la carretera Panamericana, donde el Estado aún no ha llegado. El partido gobernante solo se acerca al lugar para pedir votos y vender promesas, las que luego nunca cumplen. Por eso la zona no tiene ni calles sino veredas de tierra; no tiene tuberías ni drenajes, sino depósitos de aguas negras que, no pocas veces, corren buscando salida en la cuneta de la vía principal; no tiene casas sino lugares de sobreviviencia donde los pisos son de tierra y los baños apenas una zanja.

En una casa que nos recibió el drama es más que de infraestructura. Allí yace Alexey, un niño de 6 años de edad que padece de parálisis cerebral. Sus días pasan allí postrado, sin atención gubernamental y sin la de su familia quienes no pueden hacer más por él porque la pobreza no los deja.

Más adelante, en otra casita, vive Milagros. Ella antes estaba en el kilómetro 5 en condiciones similares a las actuales, hasta que la Guardia Nacional la sacó, y no de buena manera. Así que ella, sus dos hijos y seis nietos tuvieron que “mudarse” a este pedazo de tierra donde levantaron un hogar de tablas y restos de otros materiales. Desde aquella casa, por una de sus diminutas ventanas, se ve el Hipódromo. Antes hubiese sido motivo de contraste, la pobreza de este lado y la apuesta, el negocio de aquél lado. Pero ya no, porque en La Rinconada también abundan los damnificados y la carestía.

Esto es el reflejo de Caracas, una ciudad que producto de su mala administración, de la dejadez de sus gobernantes, ha caído en un espiral de pobreza a pesar de los maquillajes. La capital de un país rico en petróleo se debate entre la tierra, la falta de servicios públicos, la violencia y el hambre. Es el ejemplo central de un país cuyas brechas se van acentuando: quienes gobiernan y gozan de las mieles del poder, como los aires acondicionados, la disponibilidad permanente de alimentos, los caros vehículos, los escoltas y los favores; ni siquiera ya pueden mirar a esta otra ciudad, la de verdad, la que con sus relieves muestra cómo el discurso se ha quedado en palabras mientras la espera se ha transformado en frustración.

Pero la esperanza no se pierde, las ganas de quienes así viven de tener una mejor calidad de vida no se apagan, como tampoco la de quienes queremos darle a Caracas un mejor presente y un brillante futuro, convirtiéndola en una ciudad educadora. Es posible. Estamos a tiempo.

@aecarri
@alianzadellapiz

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